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Decía Tom Stoppard que “Si llevas la infancia contigo, nunca envejecerás”. ¡Y qué razón tenía!

Cada 5 de enero me despierto con la ilusión de esa niña pequeña ante la noche más mágica del año. Sumo 29 primaveras, este año me he casado y quizá, en algún momento (que no sé cuándo llegará) me plantearé ser mamá.

Y a pesar de todo esto, cada 5 de enero sigo teniendo la misma ilusión que cuando era una niña. Da igual que pasen los años, que haya crecido y siga creciendo, estoy segura de los 5 de eneros siempre serán días especiales en mi calendario.

En mi casa hace mucho tiempo que los Reyes llegan el día 5 por la noche, debe ser que, como son magos, sabían que mi madre trabajaba muchos años el 6 por la mañana y decidieron adelantar la entrega.

Así que hoy tengo ante mí un día repleto de emoción; ver la Cabalgata cantando y bailando al son de su música, correr a por los caramelos (aunque ahora, si hay niños más niños de lo que soy yo, se los cedo), llegar a casa para degustar una deliciosa cena preparada por la mejor cocinera del mundo y completarla con un roscón. ¡Es el único dulce que me gusta de la Navidad! Y por fin… después de esa maravilla con nata montada llega el gran momento. Uno a uno vamos repartiendo los regalos disfrutando de las caras de sorpresa de los otros. Yo ya no sé, si me hacen más ilusión mis regalos o ver que lo que he comprado para los demás ha sido todo un acierto. Creo que me decanto por esta última opción.

Y ya. Se acabó. Se acabaron los Reyes, los regalos y las navidades. Pero… ¿y lo bien que lo hemos pasado toda esta semana hablando de la llegada de los Magos de Oriente? La ilusión previa es comparable a la que se vive en el momento del acontecimiento.

¡Claro que tenía razón Tom Stoppard! Llevo la infancia conmigo, me vuelvo a sentir niña (más de lo que seguimos siendo todos habitualmente) y soy feliz, muy feliz, con una cabalgata, un roscón, regalos y todos aquellos que hacen que cada 5 de enero tenga sentido. ¡Feliz Noche de Reyes!

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